David Fernández
A principios del milenio surgió un nuevo estilo musical que combinaba la fuerza del punk con el llanto depresivo del grunge. Se llamaba emocore, una evolución del hardcore que sustituyó el discurso político por las angustias existenciales. Grupos como Billy Talent o My Chemical Romance vendieron la imagen de adolescentes angustiados, medio anoréxicos y al borde del suicidio, pero imbuidos de un espíritu romántico digno del siglo XIX.
En poco tiempo los seguidores del movimiento - conocidos como “emos”- se multiplicaron por todo el planeta. Los largos flequillos y los ojos maquillados se dejaron ver desde Tokyo hasta Nueva York, pasando por Buenos Aires y Berlín.
Ahora, a estos jóvenes les ha salido un peligroso enemigo. El de la homofobia, que lejos de limitarse a sus ámbitos habituales –como pudiera ser la ultraderecha o el extremismo religioso- también se deja sentir entre colectivos tan poco sospechosos en principio como pudieran ser los punks.
Así el pasado 3 de mayo, Bogotá (Colombia) celebró una marcha antiemo de “rockeros, metaleros, góticos y punks” de claro corte homofóbico. La convocatoria por internet rezaba así: “Solicito la Colavoración (sic) de todos los Rokeros, Metaleros,Góticos,Punks y de todos los grupos que estén en contra de este movimiento homosexual que hagamos una marcha el día 3 de mayo”.
Y añadía: “Ojalá nos reunamos y organicemos más marchas antiemo aquí en este país de varones que es colombia (sic) para que no se nos corrompa con esa tendencia tan marica”.
Del mismo modo, en México el pasado 7 de marzo más de 800 personas, según la Policía, y más de 2.000 según fuentes no oficiales, se congregaron en la plaza de armas de Querétaro para “cazar emos”. Aunque éstos estaban sobre aviso, cuatro de ellos fueron sorprendidos por los intolerantes recibiendo toda clase de golpes y teniendo que ser hospitalizados. Veintiocho personas fueron arrestadas por las agresiones.
“El evento fue muy interesante, jeje...” explica uno de los antiemos de Querétaro en un foro de internet. “Cada vez que alguien veía a un emo rolar por el centro solo debía de gritar "emo" para que toda la banda se le lanzara a darle sus putazos, jaja, y claro, despues de golpearlos la muchedumbre gritaba "quiere llorar, quiere llorar", que divertido, jejeje... Y los emo lloraban”,