Zapatero y Rajoy, suspenden
Pues independientemente de otras consideraciones aparentemente de mayor cuantía, lo que sí evidencia con toda claridad el último “barómetro” del Centro de investigaciones sociológicas, o CIS, es que los españoles no les tienen ningún cariño a sus políticos.
José Luis Navas
Todos ellos bajan en estimación general. ¡Ah! esta apreciación de tipo, digamos, afectivo no tiene nada que ver con la crisis económica. O no solo con ella.
Las crisis tienden a enderezarse aunque dejen secuelas de larga duración. La desconfianza, por el contrario, enraíza en el inconsciente general. Y los pueblos sufren una especie de esquizofrenia colectiva; llegan a la conclusión de que cada individuo de su comunidad es un golfo en potencia, aunque diga o aparente lo contrario. Solo a falta de la ocasión propicia: “no deseo dinero, sino que me coloquen donde lo haya”. Algo muy malo, en verdad. Las personas que pierden confianza en sí mismas, van a la deriva. Los “colectivos” no son distintos de las individualidades que las componen. Ignoro, claro, si ese barómetro- test es exportable.
Quiero decir si tiene dimensiones occidentales o sucede solo de los Pirineos para abajo. En cualquier caso, las dimensiones solo tranquilizan a medias. Dejando aparte el triste espectáculo del “choriceo” que personas más educadas que el que suscribe denominan como “apropiación indebida”, o la constatación de que una cuenta bancaria (negra o blanqueada) es de más larga duración que un remordimiento de conciencia, aparecen cosas menos explicables. Por ejemplo, el deterioro progresivo de las ideologías.
Los acuerdos son buenos y deseables – véase el caso del País Vasco - pero no los pactos contranatura. Pongamos un caso; es evidente que ningún partido político aplastantemente mayoritario podrá gobernar España si no cuenta con el apoyo puntual de los nacionalistas, a los cuales- y no engañan a nadie- les importa muy poco esa realidad maqueta o charnega en la que viven unos señores llamados españoles.
Es una cuestión de números y la aritmética no entiende de ideologías. Por lo tanto, se está engordando la rapacidad egoísta de unas zonas sobre otras con la única finalidad de mantenerse en el cargo. Sea el que sea. Podríamos citar otras circunstancias de diferente pelo. Digamos que las expuestas son bastante expresivas y detonantes. ¿No tienen solución?
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